Chuletas I

Que no cunda el pánico con el título de esta entrada, no pretendo hacer apología de lo que, según la RAE, entre estudiantes es:

3. f. Papel pequeño con fórmulas u otros apuntes que se lleva oculto para usarlo disimuladamente en los exámenes.

Hoy quiero dedicar este post a la importancia de tener unos apuntes claros, prácticos y sobre todo, a inculcar a los alumnos (sea de la edad que sean) los beneficios de que sean ellos mismos quienes fabriquen sus esquemas, diagramas y resúmenes de todo lo que se va dando en clase. Ver: competencia Aprender a Aprender.

La gramática española es tan rica y necesaria como enrevesada y abundante en excepciones y reglas difíciles de comprender y retener para un no nativo. Porque, sí, es necesario memorizar ciertos aspectos de la lengua como que el participio de abrir es abierto, y no abrido o por qué el pretérito perfecto queda mejor en una frase que el indefinido.

Después de cada nueva explicación, tanto si es de gramática como, por ejemplo, de literatura y, sobre todo si están de cara a un examen DELE en el que se les preguntará mucha información, propondría a mis estudiantes la elaboración de una chuleta diseñada y hecha por ellos mismos como consideren que mejor les vaya a ayudar a estudiarla.

Los “flipbooks”

Son libritos hechos a mano que recogen, en cada uno de sus apartados, lecciones diferentes de gramática. A medida que avanza el curso, el alumno irá añadiendo las diferentes explicaciones que se vayan dando en clase. El flipbook acompañará al estudiante a lo largo de todo el curso, no tan sólo para estudiar frente a un examen sino también en clase para resolver dudas ante actividades.

Ejemplo de un flipbook de las categorías gramaticales:

Tarjetas

Personalmente, y pese a que llevo años encontrándomelos en el instituto y en casi todos los estudios que he realizado en la universidad, me cuesta horrores memorizar todos los tiempos verbales. Me lleva un buen rato recordar cuándo estoy ante un perfecto compuesto o un pluscuamperfecto, y llevar estas tarjetas encima me hubiese (o hubiera, pluscuamperfecto de subjuntivo) sacado de un apuro en más de una ocasión.

Además, detrás he añadido unos pequeños consejos para recordar su uso y facilitar la elaboración de actividades.

Ventanas

Otro tipo de chuleta original y muy esquemática para recordar los autores más relevantes de la literatura hispana del S.XV al S.XIX:

Más ejemplos, estos encontrados en Pinterest:

Y esto es todo. Bueno, casi todo. Me despido con un spoiler (si el post se llama Chuletas I es porque, como habréis imaginado, hay 2ª parte) y os avanzo que estoy preparando una entrada sobre INFOGRAFÍAS. He descubierto esta web Piktochart y estoy como niña con juguete nuevo. Te permite hace en un pispás infografías sin tener ni idea de diseño gráfico. De momento, yo ya me he hecho un currículum en inglés y en francés, como diría Arguiñano, fácil, sencillo y para toda la familia.

¡Feliz (lo que queda de) Semana Santa!

Instagram: la fotografía como recurso didáctico ELE.

Cuánto tiempo sin pasar por aquí. He tenido que barrer alguna pelusilla nada más entrar… 🙂

En mi ahínco por crear herramientas educativas de los actos cotidianos y aficiones de los estudiantes, hoy traigo una idea en la que no dejo de pensar a diario. No considero estar “enganchada” a ninguna red social, pero sí que es cierto que raro es el día que no recibo alguna imagen vía Whatsapp, comparto vía Instagram o simplemente indico que me gusta vía Facebook. Las fotografías son parte de nuestro día a día porque, como dice el dicho, dicen más que mil palabras.

Yo misma, fardando de estancia en Londres a través de Instagram.

Tomar imágenes y compartilas es una manera más de comunicar y expresarnos. Es la razón por la que Pinterest, Instagram, Tumblr y demás webs y aplicaciones gozan de tanto éxito hoy en día. Compartir un paisaje, nuestra merienda, nuestra vestimenta, la página de un libro o un autoretrato (o selfie, modernamente hablando) dicen mucho más de nosotros de lo que pensamos. Y ser seguidor, además, nos inspira y activa nuestra creatividad (en especial la red social Pinterest a la que debo decenas de ideas de todo tipo).

Pero vayamos al cometido de este blog:

¿por qué no utilizar este boom del compartir imágenes como recurso de enseñanza?

Mi propuesta es plantear una temática semanal a los alumnos y que compartan imágenes relacionadas con este tema tomadas por ellos mismos en una red social común para toda la clase (Instagram, Pinterest…). Los temas pueden estar relacionados con lo que nos ocupa en clase o pueden ser propuestas de los propios alumnos: la comida, los animales, la familia, la primavera, la casa, el fin de semana, las vacaciones de navidad, temas abstractos como la alegría, la tristeza, la solidaridad o algo tan genérico como un color:

Obviamente, al tratarse del uso de redes sociales y teléfonos móviles y cámaras digitales, es una tarea especialmente indicada para jóvenes y adultos, pero también podría proponerse para edades más tempanas, con la colaboración de los padres y compartiendo las imágenes en clase que ellos podrían proporcionar a través de pendrives o tarjetas de memoria.

A cada imagen le debe acompañar una descripción en español: qué significa, por qué la he tomado, dónde la hice… lo que el autor desee dar a conocer de su fotografía. También puede servirse de las etiquetas, tags o hashtags, para practicar vocabulario (#teléfono, #rojo, #antiguo…).

Estas redes sociales permiten al resto de compañeros ver, comentar, compartir e indicar megusta a las fotos de todos los participantes, fomentando un clima de compañerismo en el aula, ayudando a los alumnos a conocerse entre sí y a darse a conocer ellos mismos.

El uso de léxico, la narración y descripción de la mano de la creatividad y los intereses del alumno en una actividad cotidiana y agradable para todos.

Un saludo… y una foto 😉

Vía: http://www.pinterest.com/profedeele/

Arcilla: Comprender y…¡modelar!

Hace unas semanas, dediqué una entrada a una actividad para practicar la comprensión oral a través del dibujo.

Como soy una pesada de todo lo creativo y de la importancia del fomento de la imaginación, y a pesar de que habrá quién me acuse de pintamonas que descuida la gramática y la ortografía en pro de una caja de ceras, vuelvo con una muy parecida.

El fin de semana pasado se celebró en mi ciudad actual, Zaragoza, la Feria CREATIVA, y yo, que en un principio sólo iba a por agujas de punto, acabé recopilando folletos de todo stand posible y sobrepasando con creces mi presupuesto estipulado para la semana. Cuando ya creía haberlo visto todo, me quedé prendada de esto:

Los ya duchos en asuntos de manualidades (qué poco me gusta esa palabra) pensaréis que menuda novedad, el Fimo, la Arcilla Polimérica o la plastilina de toda la vida. A diferencia de todo esto, el Jumping Clay es una arcilla que se seca sin necesidad de cocerse en un horno. Hace tiempo hice un curso de Kirei, otro tipo de arcilla que se seca sin cocción, pero no me pareció demasiado fácil de modelar ni muy recomendable para uso escolar.

A los niños les chifla eso de poder crear una pequeña escultura que no se chafe, ensucie o desmonte como pueda pasar con la plastilina, y a nosotros, como profes, nos alivia la idea de no necesitar un horno a mano para que se quede dura. ¡Y encima bota! (de ahí lo de jumping).

No, no os habéis equivocado de blog, esto sigue siendo una entrada dedicada a las actividades de enseñanza de E/LE, no un tributo a Art Attack. Después de mirar, manosear y olisquear tan maravilloso material, inmediatamente me acordé de la entrada del blog relativa a la comprensión oral: ¿por qué no expresar a través del modelado?

El modelado cuenta con numerosos beneficios, especialmente para los niños:

  • Concentra y aumenta la capacidad de trabajo y atención en los alumnos.
  • Desarrolla la motricidad fina: agilidad, fuerza y destreza.
  • Desarrolla la imaginación y la creatividad.

María Ligia Cifuentes, psicopedagoga de la Clínica Reina Sofía, quien desarrolla actualmente el programa de psicopedagogía y terapia lúdica con niños hospitalizados, comenta: “La plastilina es un material con el que los niños tienen contacto directo e inmediato; pues el hecho de que puedan moldearlo como quieran y de forma rápida hace que se desarrolle mejor su sistema propioceptivo, que es el que permite que la información que el niño recoge a través de su cuerpo, la pueda interiorizar y expresar. Así, sus procesos de aprendizaje se facilitan posteriormente”.

Uno de los beneficios principales cuando se trabaja en grupo es que les brinda la oportunidad de socializar con otros niños, porque se ayudan mutuamente, se preguntan entre ellos cómo lograron elaborar una figura, comparten sus avances, aprenden a trabajar en grupo y tienen la posibilidad de ser escultores por momentos y de explorar sus capacidades artísticas”.

Considera que darle al niño la oportunidad de que juegue con plastilina hace que al mismo se ponga retos a corto y largo plazo. “Cuando empiezan a elaborar alguna figura, se dan cuenta de que no es tan fácil y en esa medida, buscan opciones para moldear por pasos cada una de las piezas que va a formarla”. (Vía: www.tecno-edukacion.com)

Y aquí mis propuestas:

  • ACTIVIDAD 1: Comprensión Oral. Escuchar y modelar.

Al igual que en un dictado tradicional, se trata de exponer un texto de manera oral en el aula, adecuado al nivel de los alumnos, pero en este caso éstos no escribirían los comprendido, lo expresarían a través de la arcilla.

No se trata de una actividad que practique la ortografía, es decir, queremos que el alumno comprenda el significado de las palabras, no su significante.

Ejemplo: Si dictamos La granja tenía una gran valla, el alumno puede traducir como significado: Cerca colocada alrededor de un lugar para cerrarlo, protegerlo o delimitarlo,pero como significante: balla, baya o vaya.

Lo esencial en la actividad es saber qué significa y no cómo se escribe y, además, poderlo expresar.

  • ACTIVIDAD 2: Comprensión lectora. Lee y modela.

Al igual que en la anterior actividad, el alumno modelaría aquello que ha entendido pero esta vez en un texto escrito, bien de una pequeña lectura propuesta por el profesor (un fragmento de un cuento, un poema, la estrofa de una canción…) muy útil para practicar palabras que suenen o se escriban igual pero cuyo significado varíe según el contexto (Juan tuvo un tubo, y el tubo que tuvo se le rompió, y para recuperar el tubo que tuvo, tuvo que comprar un tubo, igual al tubo que tuvo) o bien, si lo que queremos es practicar la ortografía, escribiendo nosotros mismos una palabra o frase, por ejemplo, en una pizarra (baca/vaca, baya/valla).

De esta manera, trabajaríamos tanto significado como significante, haciendo hincapié en palabras que por su ortografía sean susceptibles de crear confusión o sean homófonas (ahí/ay/hay o hierba/hierva).

De vez en cuando está bien salirse del lápiz y el cuaderno y aprender con los sentidos 🙂

Y si queréis saber más sobre el Jumping Clay: www.jumpingclay.es

Trivial casero: Dar juego (I)

Pensaba empezar la entrada con una retahíla de beneficios del juego, pero todo lo que me contestaba Google y mi hemeroteca cerebral era relativo a los primeros años de vida y a la infancia en general.

Pero, ¿por qué sólo para niños? Si nos pasamos toda la vida jugando o viendo jugar.

El joven que no ordena caramelos con el móvil durante el trayecto de metro está viendo un partido de fútbol e incluso apostando el resultado de éste. El hombre que no va al bingo, echa la primitiva cada jueves, o si no, lanza la pelota a su perro para que se la devuelva. O contesta al presentador de un concurso cuál es la respuesta correcta desde el sofá. O pide vidas para el juego de turno por Facebook.

Porque nos distraemos de lo cotidiano. Porque nos sentimos mejor al pasar de nivel. Porque nos reafirma ganar al adversario. Sea por lo que sea, el juego está presente en nuestra vida independientemente de la edad que se tenga.

A mi, mi padre me prometía jugar conmigo a las cartas Uno o a la consola siempre y cuando hubiese terminado los deberes antes. El juego era la recompensa, el placer que sucedía al deber.

Sin ánimo, ni muchos menos, de hacer del aula un salón recreativo, muchísimas cosas que nos han enseñado en clase a lo largo de la vida, podrían haberse hecho a través del juego. Más de las que creemos. Podríamos habernos ahorrado muchas ristras de cuentas asesinas (como diría Manolito Gafotas) a cambio de algún dominó cuyo requisito para colocar una ficha sea calcular el resultado de una operación.

Ilustro para los que os cueste imaginarlo

A favor de mis profesores de la recién estrenada Logse de los 90, diré que no existía esta facilidad de acceso a Internet con la que contamos hoy en día. Google se fundó a finales de siglo. Lo más puntero de la época era ponernos un VHS en clase de Érase el cuerpo humano o el ya citado Magic English.

Dicho esto, procedo con mi propuesta aplicada a la clase de E/LE, que es el cometido de este blog que a bien he tenido elaborar.

En Internet hay un océano sin orillas de webs que recopilan juegos adaptados, incluso (para la inmensa suerte de todos los que nos dedicamos o nos vamos a dedicar a esto) creados especialmente para la práctica de un tema en particular: conjugar verbos, practicar vocabulario específico o trabajar temas culturales.

Hay ideas geniales recopiladas en el blog Rincón del Profe de Ele:

http://rinconprofele.blogspot.com.es/ o en Pinterest (estoy enganchadísima), especialmente en el de Profe de Ele (que tiene un nombre parecido, pero no es el mismo):

http://www.pinterest.com/profedeele/.

Mi granito de arena a esta gran colección de juegos, es un juego de mesa que compile todo lo anterior, una especie de popurrí de todo lo que se puede trabajar a lo largo del tema de un libro.

Tiene una explicación: jugar durante un rato a una oca dedicada solamente a conjugar verbos en presente de indicativo puede resultar ameno pero cuando llegues a la tercera tirada de dado, repetitivo y aburrido. Al final deja de ser un juego para el alumno y se convierte en un ejercicio más del libro, como pueda ser el de rellenar huecos en frases.

A modo de trivial, cada casilla en el tablero será de un color y cada color en las tarjetas un tema o materia diferente, pero siempre relacionada con lo que hemos trabajado recientemente en clase o estamos trabajando en este momento.

Aquí entra en juego (nunca mejor dicho) el grado de implicación del profesor, que debería actualizar las preguntas en función de lo que están tratando en el aula.

Aquí va un ejemplo de una tarjeta con los posibles temas por colores:

Y un tablero:

  • Vocabulario: con preguntas tipo Pasapalabra, que podemos acompañar de imágenes según el nivel de la clase.
  • Gramática: para practicar lo último que han aprendido en clase.
  • Comprensión Oral: similar a la actividad de la entrada anterior, en la que el alumno expresa (mediante palabras, dibujos, gestos…) lo que ha entendido de un texto oral (poema recitado por el profesor, canción…).
  • Cultura: pregunta relativa a la literatura, geografía o cultura en general española o hispanoamericana que hayamos tratado en clase recientemente o consideremos de cultura general.
  • Expresión oral: describir mediante palabras una imagen perteneciente a la cultura española como pueda ser una fotografía o un cuadro. (*No es necesario que acierten, por ejemplo, que el cuadro es de Picasso, tan sólo que lo describan).
  • Trabalenguas: para mejorar la pronunciación de fonemas “problemáticos” para algunos extranjeros como el de la R o la C/Z.

El sistema de puntuación va a gusto del profesor (hay gente partidaria de la competición y gente que no). Yo propondría, ya que es muy similar a Trivial, otorgar una ficha de cada color (a modo de quesito) por cada casilla con respuesta acertada, hasta que uno de los participantes obtuviera los 6 colores. También podemos dar 2 puntos por cada respuesta correcta, 1 si ha estado cerca de la buena respuesta y 0 en caso de respuesta errónea.

Puede ser un buen complemento al libro de texto habitual, adaptando las preguntas y pruebas a lo que se está trabajando en ese momento en el aula.

Para despedirme, dejo una web con muchísimos recursos para formar nuestros propios juegos, desde bingos hasta dados. http://www.toolsforeducators.com/

Hala, ya no tenéis excusa 😉

El dibujo: Comprensión Ilustrada

Saber un idioma, ¿qué es si no comprender aquello que estamos leyendo o escuchando? Es vital para, después, sabernos expresar.

En la mayoría de cuadernos de ejercicios, la manera de ejercitar y evaluar la comprensión tanto oral como escrita tiene forma de Listenings y Readings, la mayoría de ellos (sin ánimo de ofender a ninguna editorial) carentes de interés para el estudiante. Todavía no he conocido a ningún alumno entusiasmado ante la escucha de un programa de radio en el que Steve explica a la locutora cómo ha dado la vuelta al mundo en bici (y ahora que me perdonen ciclistas y locutores de radio).

Normalmente la evaluación se efectúa según el éxito de respuestas relacionadas con el texto, por ejemplo, ¿Cuántos días tardó Steve en realizar su periplo?, que nos interesan aún menos que la historia que acabamos de leer o escuchar.

Creatividad 0, Aburrimiento 3. Especialmente para niños y jóvenes.

Mi propuesta tiene como objetivo ejercitar la comprensión tanto oral como escrita a través de acciones que favorezcan la creatividad del alumno, como podría ser el dibujo o la interpretación.

No evaluaremos en ningún momento las dotes artísticas, si no qué ha entendido tras la lectura y/o la escucha de un texto en español.

Para no desatender la expresión oral y escrita y el enfoque comunicativo en el aula, habría que explicar por qué ha interpretado así el texto.

Buscaríamos, no tan sólo la interpretación literal si no la emocional: si le ha gustado, si le ha dado miedo o pena…

Propondríamos a nuestros alumnos ser los ilustradores particulares de un libro o los directores del videoclip de una canción.

COMPETENCIAS QUE SE TRABAJAN:comprensión lectora, comprensión oral, vocabulario, interpretación de textos, expresar y comunicar sentimientos a partir del arte, así como percibirlos y comprenderlos, por ejemplo, a través de la poesía.

¿PARA QUIÉN?: Es una actividad especialmente interesante para niños y jóvenes. El grado de dificultad del texto escogido se adaptaría a la edad y nivel del grupo de alumnos. Algunos ejemplos:

A1 a B1, alumnos de Infantil y Primaria

Gloria Fuertes: Cómo se dibuja una señora

La cara de Doña Sara. 

Se dibuja un redondel, 

con lápiz o pincel; 

mucho pelo, mucho moño, 

ojos, cejas, y un retoño; 

nariz chata, 

de alpargata, 

las orejas, 

como almejas, 

los pendientes, 

– relucientes-, 

las pestañas, 

como arañas, 

boca de pitiminí, 

es así, 

la cara de doña Sara. 

El cuerpo, otro redondel, 

tan grande como un tonel, 

y en él se dibuja ahora, 

la falda de una señora, 

falda, blusa, delantal, 

pierna flaca, otra normal, 

los zapatos de tacón, 

con hebilla y con pompón. 

A2-B2, alumnos de Primaria/Secundaria

– Antonio Machado: “Era un niño que soñaba un caballo de cartón. Abrió el niño los ojos y el caballito no vio”.

– Eva María de Fórmula V (1973).

A partir B1, alumnos de Secundaria o más

Bailando, de Alaska y Los Pegamoides (1982).

DESCRIPCIÓN DE LA ACTIVIDAD: Es importante trabajar el texto antes de reproducirlo y pasar al quid de la actividad. Explicaremos qué vamos a escuchar o leer, hablaremos de su autor y el contexto. Si se trata de un escrito y el nivel de la clase es inicial, podemos explicar el significado de las palabras o expresiones que sugieran dificultades o permitir el uso del diccionario.

Puede dibujar literalmente lo que cuenta el texto, cómo creen que se siente su autor, o de manera abstracta, los sentimientos que le provoca a sí mismo sirviéndose de técnicas como colorear, rallar, romper, pegar… todo lo que le ayude a expresarse de manera satisfactoria.

Al finalizar, pediríamos a los alumnos que expliquen por qué han interpretado así los textos (“Lo he coloreado en negro porque es de noche y me da miedo”) y charlaríamos entre todos sobre nuestras apreciaciones.

“El arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo.”  Y me despido con palabras de Albert Einstein.

 

Gracias por leerme! 😉

De alumna de idiomas… a profe de idiomas

Nací en 1991 y en Barcelona, dos datos que indican que soy hija de la LOGSE y del bilingüismo en las aulas, así que mi primer contacto con otro idioma que no fuese mi castellano (cordobés!) maternal, fue el catalán en el cole a los 3 años.

Mi primer profe de catalán.

El poco, o más bien escaso, contacto que había tenido hasta entonces con la lengua de Pompeu Fabra había sido gracias a los dibujos animados de la tv autonómica pero no debieron aportarme demasiado léxico porque recuerdo haberlo pasado especialmente mal el primer año de escuela. Como la mayoría de niños del barrio (Cornellà de Llobregat), era lo que llamamos charnega, hija de emigrantes andaluces, y tuve que aprender por asociación que ànecera pato, a pesar de que sonaba más a mi nombre que a ave palmípeda. Que La Caputxeta Vermellaera la Caperucita Roja, que dit, nas, ulleran partes del cuerpo y que taronjapodía ser un color y también una fruta. Y así, inconscientemente, asimilé por completo un idioma, con su pronunciación, vocabulario y su todo, casi sin darme cuenta, mucho antes de pasar a la Educación Primaria. De los 3 a los 5 años canté, bailé, hice pelotas de plastilina, dibujé, jugué y, en definitiva, aprendí casi totalmente en catalán, sin ser esto un obstáculo alguno para mi lengua materna.

La historia fue muy diferente con el inglés.

No recuerdo bien si la primera vez que irrumpió en nuestras vidas escolares fue en 1º, 2º o 3º de Primaria. Lo que sí sé es que lo hizo de repente, sin avisar, sin anestesia. Llegó de golpe y cayó en nuestros cuadernos como una bomba, para quedarse para siempre. Mi profesor de inglés era zaragozano y mayor. Vamos, todo lo contrario de lo que se estila en la actualidad, donde ser nativo y joven es un valor al alza en todo colegio bilingüe que se precie. Recuerdo mucha canción, mucho “pinta y colorea” y sobre todo un recurso que a Joaquín (así se llamaba el profesor maño) le debió parecer mágico, no ya por su nombre si no por el efecto silenciador, “ojiplático” e hipnotizante que producía en todos nosotros, especialmente cuando teníamos clase después del recreo o del comedor y no estábamos por la labor de repetir que el sastre de nuestro profe era rico. El Magic English.

Aladdín y Jasmín enseñándonos a to say hello.

El dichoso invento no era otra cosa que una colección de VHS por fascículos que Planeta de Agostini decidió sacar a la venta en kioskos para que eso del inglés se nos hiciera más ameno, más familiar, más interesante por eso de que quienes nos lo enseñaban era los personajes Disney de toda la vida y claro, es mucho más grato que los colores te los enseñe el Pato Donald que no Joaquín, que nos gritaba en cuanto te distraías con cualquier cosa que pasase detrás de la ventana. Y así, a golpe de karaoke de La Bella y la Bestia, empezamos a familiarizarnos con los números, los colores o las partes del cuerpo en la ya no tan desconocida lengua inglesa.

Con los años la cosa no mejoró. Desde la Primaria hasta el Bachillerato, pasando por la ESO, tuvimos profesores más o menos implicados, de los que nos hablaban inglés en clase y de los que no, de los que de vez en cuando hacían alguna actividad extraordinaria (recuerdo con cariño jugar al bingo los viernes los primeros años de instituto) y de los que eran fervientes devotos de la cofradía del sagrado Workbook, vamos, que las clases se resumían estrictamente en corregir ejercicios de rellenar huecos, unir con flechas términos con otros o decir si eran True o False frases de gran interés e importancia para un adolescente de 14 años como “It’s Sally wearing a jeans and a blue sweater?”. Y al finalizar la clase, no fuera a ser que te hubieses quedado con hambre, mandaban cuatro páginas más para casa. Y así durante años, creando lo que hoy somos la mayoría de veinteañeros españoles: chicas y chicos a los que nos da cierta vergüenza hablar en inglés, pero que vemos y oímos a diario series y películas en V.O., escuchamos y cantamos canciones en inglés y comemos cookies, cupcakes y muffins. Pero hemos asumido que tan sólo aprenderemos de verdad un idioma si nos marchamos a un país en el que para comprar una lechuga, cambiar un billete de tren o ir al médico no nos quede más remedio que “defendernos” con la lengua. Y para eso están los Erasmus, ¿no?.

Marchándome en 3º de carrera fuera de España, supe que no había mejor Universidad que la necesidad.

¡Cuánto aprendizaje adquirido en el césped del campus…!

Me fui a Rennes, al norte de Francia, con menos conocimientos (o al menos eso yo creía) de francés que de inglés, ya que tan sólo había dedicado a éste un par de años de optativa en el instituto. Decidí invertir el cuatrimestre que iba a pasar allí en un súper-curso de francés para extranjeros que me otorgó el nivel B1 al finalizarlo y un acento casi perfecto para dar a Royaume Uni los douze points. Pero realmente no fue el curso en sí, y el hecho de que todos mis profesores fuesen franceses y ninguno de mis compañeros hispano-hablantes. Tampoco el hecho de que saber catalán me hubiese facilitado muchísimo las cosas. La explicación de la celeridad con la que aprendí no era otra que cuando salía de clase y pretendía desconectar, tenía que pedir el café en francés, ponerme la radio en francés y, a la vuelta en metro a la residencia, las conversaciones que me rodeaban también eran en francés. Así, empapada las 24h de un idioma que no era el español, acabé comprendiéndolo, leyéndolo, escribiéndolo y hablándolo. Casi sin darme cuenta. Si bien es cierto que desde que regresé de Francia mi práctica del idioma se ha reducido a ver alguna peli francesa sin doblar, descifrar lo que canta Stromae en la radio o hablar con algún cliente gabachoesporádico en mis puesto de trabajo… puedo decir que sí, ¡que Sé Francés!.

Y ahora me encuentro realizando un postgrado de Didáctica del Español como Lengua Extranjera, encaminándome hacia el otro lado de la moneda, ese que acabo de poner green por tantos años de tortura workbookil y ese al que espero no caer con el tiempo. Por eso dejo esto por escrito, para que el peso de estas líneas en Calibri 14 recaiga sobre mi si un día decido pulsar el play del cedé de los listenings que tanto me hicieron bostezar hace años.